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Los Consejos de mis abuelas


Mi abuela pegaba el puño de su mano junto al mío, comparábamos lo suave y sedoso del mío, mi puño limpio y transparente, mientras el puño de mi abuela mostraba pecas y venas saltadas. Me decía, esas pecas frotan conforme pasan los años. Es el sol, es el agua, es el refriego y el reflejo del peso que marchan nuestra piel conforme pasan los años. Nuestros puños se cierran para defender la batalla del presente, para aferrarse a un pasado y recibir el frio de un desconocido futuro.

Abre tus manos, me decía mi abuela, mira las palmas de tus manos, observa tus dedos delicados, ahora eres una niña y tus manos van a describir el tipo de vida que llevaras. Si un día tus dedos son callosos y la palma de tu mano es áspera, demostrara el trabajo difícil que has desarrollado. Habrás elaborado trabajos pesados porque tus manos son tu fuente de trabajo.

Observa las manos con detalle, la gente muestra el tipo de vida en sus manos. Aquellos que laboran utilizando la mente, muestran suavidad de sus manos. Mientras algunos no tuvieron la misma suerte y día a día laboran utilizando la fuerza de sus manos mostraran la cargan del peso de su esfuerzo.

Mi abuela me hablaba de las manos, su conversación me parecía chistosa, sin darme cuenta me aconsejaba. Creo que no tome en cuenta por muchos años el detalle de las manos hasta que tuve mi primer trabajo. Entonces sentí un callo en la palma de mi mano y recordé que el trabajo manual siempre va a ser pesado. Para colmo, es pesado y mal pagado. Ese callo logro un cambio viral en mi vida laboral.

Aparecen algunas pecas en el puño de mi mano. Hace tantos años atrás que las comparaba con las de mi abuela paterna. Me da tanto gusto verme las pecas porque de alguna manera siento que son un reflejo de las manos de mi abuela que en paz descanse. A esa edad yo creía que era un juego comparar nuestras manos, un juego que resulto ser uno de los consejos más importantes de mi vida. También se convirtió en un tierno recuerdo. El recuerdo de más bonito de esta vida, y de La Otra.


 


Mi abuela llegaba de su paseo, se quitaba los zapatos y los lustraba. Antes de poner sus zapatos en su lugar, les sacaba brillo y así cuidadosamente los guardaba. Un buen día la curiosidad me gano y le pregunte en tono de burla porque cuidaba tanto a sus zapatos, que viejos y nuevos a todos les daba el mismo trato. “Tu miras a la gente a la cara y descubres sus movimientos faciales. Puedes hasta darte cuenta si te mienten, pero cuando miras su calzado, puedes conocer su personalidad.” Así me contesto. Me quede sin entender y se dio cuenta cuando mis ojos se agrandaron estupefactos. Mi abuela conocía de la vida, era una mujer con mucha experiencia, era una mujer discreta y a su vez en pocas palabras aconsejaba sabiamente. Me pregunte silenciosamente como podía yo conocer la personalidad de alguna persona mirando sus zapatos.

Esos zapatos gastados de arrastrar mil pasos y pisadas cansadas cuentan las historias de los lugares recorridos. Esos zapatos llenos de tierra habrán recorrido caminos secos y áridos. Los zapatos con lodo han recorrido llanos y quien los calza se ha protegido de malos tiempos.

Quien calza el mismo zapato para vestir, para caminar, para el diario, no necesariamente lo juzgues pensando que pudiera ser su único par, esa persona se siente conforme, con tranquilidad y, sobre todo, siente confianza en su pisada. Esta donde quiere estar y porque quiere estar.

El que calza zapatos de la moda y puede cambiar calzado de acuerdo con su atuendo tiene la fortuna de vivir con soltura.

Aquellos quienes suelen usar calzado deportivo, calza zapatos sucios, aunque no hayan recorrido camino, es posible que, así como trae su calzado, sea el espacio en donde vive.

El calzado pude revelarte la personalidad. Ese consejo de mi querida abuela materna ha sido uno de los consejos más bellos que recibí.


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