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Nuestro Mundo en Pandemia

El año pasado celebramos treinta años de casados. Hicimos largos planes para gozar una celebración única que sería un viaje de tres semanas. Creo que correspondía a una semana por década. De mutuo acuerdo realizamos la celebración y nos enamoró la idea de planear un viaje el próximo año. Habíamos disfrutado tanto y analizamos nuestra situación en la que cabía la libertad de poder viajar. Nuestros hijos ya son adultos, acumulamos semanas de vacaciones por antigüedad en el trabajo, parecía que teníamos la ruta libre por delante.

Iniciamos el año continuando con los planes, aún en Febrero todo parecía ir viento en popa. A principio de Marzo nos confirmaron el vuelo y el hotel mientras buscábamos las actividades que haríamos durante el siguiente viaje.

¿Quién no ha escuchado de la frase de que el hombre propone y Dios dispone?

Escuche en las noticias por primera vez en mi vida la palabra “Pandemia.” Ni idea de lo que significaba y mucho menos de lo que iba a cambiar nuestras vidas después de escuchar esa palabra. “Pandemia,” es como una bofetada a la vida, así lo sentí, así lo siento. Nosotros propusimos un viaje y una fuerza mayor nos canceló los planes.

Esa fuerza mayor me obligó a cancelar el viaje y de repente el estilo de vida dio un giro de 360 grados. Escuchar constantemente en las noticias que el número de muertes se iba escalonando por un virus creado por humanos. Un virus que se desproporciono porque la gente salió a contagiar al resto del mundo y a aterrorizar nuestras vidas.

Escuchar constantemente “quédate en casa” para no ser contaminado y para no contaminar al prójimo. Pensé que para una persona como yo, quedarse encerrada un fin de semana sería divino para rehabilitarme. Aprovechar el encierro para limpiar bien la casa, sacar el polvo de esos rincones llenos de recuerdos, ver las fotos de los álbumes que quedaron allí arrumbados, poner en orden esa pila de ropa que sin saber cómo se fue acumulando y preparar los platillos que nunca cocine por falta de tiempo. Pero pasó una semana y dos y tres, paso un mes, dos, tres y el asunto de quedarse en casa se ve para largo.

Al principio, quedarme en casa era para aprovechar el tiempo que muchas veces por la carrera de ir y venir del trabajo a casa no me alcanzaba. Ahora el tiempo sobra. Me levanto después de haber pasado horas en la oscuridad sin poder dormir. Me quedo en casa a escuchar el silencio. Gracias a Dios tengo trabajo y me aferro a la computadora para mantener mi mente ocupada. Ya ni quiero escuchar las noticias, no quiero darme cuenta de lo mal que la está pasando toda esa gente que perdió el trabajo gracias a la “Pandemia.”

Intentó huir de la verdad. Una verdad que duele y me llena de tristeza. El mundo se ha convertido en caos. El pobre está más pobre y el oportunista, saca las uñas para sobrevivir mientras los ricos siguen en su mundo alejándose más de la clase media. No soy política, en realidad, no me importa la política, a mí, me importa la vida, me importa la gente, me importa mi planeta tierra.

Es cierto que gracias al encierro y cierre de muchos trabajos, el planeta tierra se ha ido limpiando, de repente se respira un aire más limpio, el mar se ve mucho más claro y el cielo se ve azul. Pero también hay más hambre, más incertidumbre, más muertes.

He renegado porque esta Pandemia ha cambiado nuestro estilo de vida. En el fondo, he llegado a definir la palabra “Pandemia” como el cambio que necesitábamos. Creo que íbamos muy de prisa. Pienso que íbamos perdiendo sentido a nuestras vidas y dábamos todo por merecido. Ha sido un freno obligado para tomar conciencia de nuestros actos.

Lo dejo a su propia conciencia quien haya organizado esta epidemia mundial, los que tenemos la conciencia tranquila tenemos el deber de aprender de esta dura lección. No hay mal que por bien no venga, aprendamos de esta dura lección.

La ruta libre ahora está llena de obstáculos. La libertad de planear, de gozar, de vivir se ha visto limitada gracias a una Pandemia que nos frenó las prisas. Ahora hacemos colas largas y nos alejamos de uno y otro. Ahora simplemente vivimos hoy y cada celebración de aniversario o de cumpleaños, será una verdadera celebración, porque seguimos vivos a pesar de la Pandemia.

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